El reloj que se lee por las flores
Linneo imaginó un jardín donde cada flor se abre a una hora distinta, de modo que mirándolo se supiera la hora.
Algunas plantas cumplen con sorprendente puntualidad; otras, más caprichosas, arruinan el invento.
Linneo imaginó un jardín donde cada flor se abre a una hora distinta, de modo que mirándolo se supiera la hora.
Algunas plantas cumplen con sorprendente puntualidad; otras, más caprichosas, arruinan el invento.